sábado 28 de noviembre de 2009

amanecer en la calle Matheu

“…los adoquines negros van poniéndose en fila
bajo las copas de los árboles y el cable roto
de algún tranvía muerto”
(Carlos Maguid)



En el café Esperanza dos hombres beben en la barra.
Se reflejan en la luna amarillenta de un reloj
que nunca estuvo en hora por olvido.
Afuera el viento seduce a las flores de los puestos;
besa sus tallos y cuelga una escala de violines
en los cables de algún tranvía muerto.
Los hombres se comentan pasados ilusorios
porque no tienen lugar en el futuro.
Saben que nunca han ocurrido,
ni ellos ni sus cuentos, también por el olvido.


Pero amanece.
Ya hay un sinfín de porteros que baldean
rastros de tragedia en las veredas
y secretos de amor en los umbrales.
Se apagan bostezando las luces de la calle
y todo vuelve a ser lo que había sido.
Se cierra una ventana en la pensión de enfrente
y una mujer despinta su mirada
y guarda la noche en su vestido.

miércoles 25 de noviembre de 2009

canción del árbol rojo




Somos los que clavamos las maderas
y arreglamos los tejados después de las tormentas
Somos el pasto que renace
en la paciente mirada del ganado

Y no hablamos de tragedias por amor a los milagros
porque hemos visto a lo largo de los años
al árbol que se enciende en rojos temporales
y a sus hojas como escamas de luz sobre la arena

Somos el agua pura de la lluvia
y el vino turbio del verano,
los que asumimos el pan y los ayunos
con la misma voluntad que el Universo

Somos el mástil sin trapos que flameen
y aunque la furia rompa el cristal de las ventanas
creemos en las patrias de aire libre y soberano

Y si la vida se nos vuelve gris a golpes de agua
sabemos que el cielo al aclarar
la volverá a pintar mañana

jueves 19 de noviembre de 2009

pasa el ángel


el ángel pasa


Pasa el ángel en Gaza
cuando dos niños juegan con un rayo de sol entre las ruinas.
Y pasa cuando en Bagdad una mujer tiende la ropa
después de un bombardeo;
o cuando Honduras se resiste compartiendo
el pan de la vigilia.
Pasa el ángel
cuando las abuelas de Argentina recuperan
un nieto robado por los cuervos.
Y pasa en Sao Paulo
cuando un viejo motorista se compra un camión nuevo,
o cuando ampara el cielo de Santiago una canción
de Violeta o Víctor Jara.
Y pasa cada vez que una maestra “siembra abecedarios”
y combate el eufemismo de un pibe “en situación de calle”
Pasa el ángel en los que construyen una alcoba
para el hijo que planean,
o una sencilla poesía florece en los jardines de mi barrio.
Pasa el ángel
y simplemente cicatrizan las heridas.
Y nadie pide nada a ese extranjero.
Ni una bendición ni una medalla,
ni siquiera tres deseos.
El ángel pasa.
Es esa su misión:
pasar, como la vida.

lunes 16 de noviembre de 2009


como en un fruto hueco


Hay recuerdos en aquel que fue olvidado
y correos que no llegan a destino
Hay muelles ignorados por la bruma
y mares que madrugan huérfanos de pájaros.
Hay manos de caricia y de naufragio
y brisas que desgarran las palabras
Hay planos de amores inconclusos
y ruinas de amores construidos
Si la tristeza es el paso posterior a la alegría
ella tiene esas miradas sin adiós de los andenes
Y él entonces se levanta las solapas
con el viejo ademán de los inviernos
Y arde en los árboles del aire.
la memoria débil del pasado.
Y sus enormes y pequeños días,
y sus ventanas con flores y mañanas
son remolinos girando en el océano.
Y hay un ruido de semillas en el viento
que suenan en el alma
como en un fruto hueco.

viernes 13 de noviembre de 2009

la luna suburbana


jirón de un tango en Buenos Aires
*
La luna está apurada
Corre
Va esquivando los cables del cielo suburbano
Quiere empezar su función de medianoche y abre
un telón de estrellas desteñidas
Es corta la comedia
Un hombre en un bar de mala muerte
que ahoga en vino su amor equivocado
Y en un segundo plano una mujer que llora
por calles cicatrices
un responso con luces amarillas
En fin
la historia de otros dos que no tuvieron suerte
en la esperanza de ser un poco más que nadie
Es la eterna propuesta de la luna
cuando sale de gira por los barrios:
mal decorado
argumento previsible
Y pocos personajes:
Una mujer.
Un hombre.
Esa niebla que nos borra las esquinas
con cada despedida.
y la desgracia de la última moneda
que se escapa de la mano y va rodando

hasta la alcantarilla
Apenas el jirón de un tango
flameando tristemente en Buenos Aires

martes 10 de noviembre de 2009

milagro en la plaza


el cantero del Jacarandá

Hombre, si buscas un lugar para sentarte
hay un rincón en la Plaza de los dos Congresos
Nadie te verá
Tal vez se te acerquen las palomas
que confiaron desde las cornisas
en la sencilla nobleza de tus gestos
Siéntate aquí
en el cantero del jacarandá
Siéntate solo como lo hace el dios del Universo
Aún queda la sombra de tu último verano
cuando creías que el final estaba lejos
En aquel tiempo no había presagios ni señales,
tu hija levantaba pétalos del suelo,
la calle era un torrente de vida en movimiento
y el mundo tibio y tierno
como el pan redondo de tu pueblo
Aquella niña ya ha crecido
y siempre regresa a esta Plaza de los dos Congresos
Déjala que te vea igual que esas palomas
No te ocultes
No imites el recurso de los muertos
que se avergüenzan de haber perdido el cuerpo
Déjala que rodee tu sueño con sus brazos
que hay gloria en las almas cuando se abraza al viento.

*
a Don Ricardo, cantor y relojero

viernes 6 de noviembre de 2009

Natalia en el espejo


nada es cierto

Cuando Padre era tan alto que yo sólo le llegaba a la cintura me dijo señalando el cielo:
-¿Ves esa estrella grande y brillante, Antonio? Puede ser que ya no exista pero está tan lejos y su luz tarda tanto en llegar a la tierra
que la seguimos viendo como era antes de morir.
Así, sencillamente, me enseñó a entender la ausencia tal vez sin proponérselo.
Llegué a pensar que Natalia no me había dejado para siempre, que seguía conmigo pero subiendo a otras terrazas en algún punto del espacio.
La “realidad” es como un juego de espejos donde nunca se sabe de qué lado está la figura “verdadera”.
Lo que trataba de explicarme Padre es que no hay comienzos ni finales, que la vida y la muerte, la presencia y la ausencia son construcciones de la razón. Y si no alcanzamos a comprenderlo es porque el universo juega otras barajas, no la nuestras.
(Sonko se reacomoda a mis pies rezongando con un gruñido grave)
Desgraciadamente aquí, en la tubería central, hay un fundamentalismo contra lo virtual o lo sublime: el criterio es la razón y la conducta desde lo concreto, se trata de imponer que lo que no se ve no existe. Al revés de los espejos.
Natalia no podría entrar en sus registro, es hermosa y libre fuera del circuito de la oferta y la demanda y eso para ellos es de por sí un verdadero desatino. No conciben que para amar haya que despojarse de “bienes gananciales”, brindar no poseer. Es la única manera de “entrar por el ojo de la aguja”
Ahora mismo se acerca el cantante popular de la RTS (Red de Tubos Suburbanos) y con una sonrisa socarrona me susurra un fragmento de tango en el oído
para desalentar lo que yo siento:
“Ten cuidado, mariposa, de los sentidos amores, no te cieguen los fulgores de alguna falsa pasión…” Y además me deja un poema de limosna en el sombrero:

Ella trabajaba en los espejos.
Se pintaba una mirada tierna
Y ceñía su cintura con un abrazo ausente
Ella levaba un suspiro encendido entre los labios
y se calzaba los deseos en las piernas
con el instinto animal de un ángel bueno…


-Escucha Antonio – agrega- , es un consejo:
-
Agita su cuerpo en el cristal
Aspira su fino aroma de maderas
y tal como lo hace un catador de vinos
paladea su sustancia
sin beberla.


Ya el cantor escéptico se aleja contoneándose hacia el lúgubre tubo del cabaret 69.
Y Natalia, Padre, es una estrella. Está si yo la sigo viendo.
(Sonko se estremece en una pesadilla)
Ya amanece.
Parece que ella se fuese apagando a la luz del sol.
Y no está agonizando, es que deja el cielo y vive en mí.
Pero ya sé que nunca es nunca y nada es cierto.
*
copy right/ todos los derechos reservados Editorial Cuadernos de Médano Grande

martes 3 de noviembre de 2009

gira, mujer, gira


pajaro de carbón
rama de fuego

“Te has quedado lejos, te has ido lejos.
Pero voy retrocediendo”
(Marosa Di Giorgio/ poeta uruguaya 1932-2004)


*
No tengo planes

en realidad nunca los tuve
y oigo un rumor de gente que planea
cambiar el botiquín del baño,
el automóvil
el peinado,
el dentífrico
la mujer
el celular
el perro

Marosa Di Giorgio nos contó una noche:
“Hay gente pequeña como un espejo de cartera”

Y esa gente pequeña es la que sueña con cambiar,
ser más grande,
sufrir arrebatos de pasión

vivir en Pinamar
mirar paisajes suaves

tener una casa con jardín, techos de caña.
Yo no tengo planes
Es decir: sí, tengo
Planeo una mujer perra cabellera de dentífrico,
que suba a mi automóvil-botiquín con baño
y se arrebate en Pinamar por mí.
Pero te observo girar veleta en la azotea
de esta ciudad mezquina enamorando al viento
y te planeo celular SMS

Es que a veces soy pequeño como el espejo de Marosa
y otras veces soy inmenso sobre las cañas de tu techo
Y estás en mí, mujer cambiante
como el verde en la hoja
pájaro de carbón
rama de fuego.


*
(ilustración: Joan Negrescolor)

jueves 29 de octubre de 2009

Antonio en Natalia


y rasguña las piedras

La tristeza es a veces una casa a la que se entra solamente de noche.
Hay una bruma oscura en la red de tubos familiares y yo, sentado en el patio, soy un bollo de masa leudando a la intemperie. Estoy al borde del abismo de una página en blanco, tal vez la misma que indujo al viejo Hemingway a apoyar el mentón sobre el caño de su Springfield. No fue piadoso el ancho corazón del mundo cuando bajó el gatillo en el último estruendo de los pájaros.
Tanta vida inmóvil, sin un gesto, sin una palabra cálida. ¿Quién es, finalmente, el que dispara?
Uno debe amar hasta en el instante mismo en que se muere.
Vieja tristeza, “revoltijo de trapo y lentejuela”.
(Sonko, echado a mis pies, vuelve a mover las orejas para escuchar lo que pienso y señala con su hocico la escalera)
Pero debo agradecer al magíster de juegos de los tubos. Me dio una Natalia subiendo las terrazas; una Natalia que perfuma los peldaños con noviembres de mi infancia.
Ella es torrencial. El vino quitapenas.
La tarde dora vendimias en sus pechos.
Hay un flash de cielo entre sus piernas.
Con cada uno de sus pasos huye avergonzada la tristeza.
Es esa forma de esperanza que se tiene a pesar de todo lo que pueda separarnos.
Entonces me incorporo.
Se restablece mi figura. El brazo que me nace le hace una seña y ella baja.
Se borra la pared. Se acerca. La boca exageradamente roja tiñe el ocaso tubular.
Es el entendimiento de lo inesperado. Es decir: la poesía.
Rozo sus labios con mi mano nueva y tiembla.
Yo también estoy temblando. Pende la espada (temblorosa) sobre nosotros tendidos en la piedra. Somos la ofrenda de la secta.
Se pone alerta el aire en los tubos de la red del vecindario en las estrellas.
La sangre derramada de la Alianza borrará los pecados del mundo de allá afuera. Aunque sabemos que lo nuestro es el infierno. Imagino el paraíso anguloso y frío, mientras que aquí todo es cilíndrico, brasas que agitan las tormentas.
Y entro. Entro. Entro. Ardo en ella y se consumen los días amarillos desvastados.
Me refugio en ella “como una gota de sangre sobre una lanza de plata”.
(Antonio das Praias muere para vivir.
No saldrá jamás del territorio de su cuerpo.
Tanto la soñó que perdió su realidad.
Nada es concreto)
***
Alcanzo a ver a Sonko trotando lentamente por el tubo de salida al mar.
El destino nos traza débilmente los caminos.
En la tubería, la vida no tiene un plano de valores: está del mismo modo en el pensamiento del poeta y en del asesino.
Rasguña las piedras (me dice Natalia con sus ojos llenos de desconocidos), que ningún muro es invencible.

Y es hermoso ver amanecer.

*
Texto: REL
Ilustración: Joan Negrescolor
Copy right/todos los derechos reservados Editorial Cuadernos de Médano Grande

domingo 25 de octubre de 2009

Caperucita feroz

Natalia y los tubos

Siento que estoy en un tubo. Que voy de un lado a otro por una red de tubos familiares.
Las pocas veces que entré en algún tubo nuevo nada fue demasiado diferente.
En los nuevos hay una necesidad de regresar enseguida. Se extraña el colchón, la almohada, el baño, la lavanda en la ventana y la vecina.
(Sonko, mi perro, dormita a mis pies. Me escucha el pensamiento porque a veces mueve las orejas)
Aquí está precisamente Natalia, mi vecina, subiendo a la terraza.
No hace mucho que salió de la niñez y sin embargo me ofrece sus muslos blanco- pechuga- de pavita. Me los impone mientras lanza una mirada inquietante al estilo de la Carmen de Bizet.
La debe excitar excitarme. Le sobra ese instinto de hembra anhelada. La idea de provocarme exhibiendo sus postres de almíbar debe entusiasmarla. Sabe de antemano que si yo los probara moriría al instante de una sobredosis de pasión. La pequeña cazadora contagia perversidad.

No importa, huele a hierbas y endulza este clima tubular. Me rejuvenece.
Sonará a consuelo de tontos pero ya me harté de exquisiteces. Me embriagué con los licores más sabrosos y viví el amor como pocos. Bien vale esta vez bajar del escenario y sentarme en la sala.
Estoy convencido: los tubos en realidad son arterias. Hay un corazón universal bombeándonos la vida por las venas, proyectándonos segmentos de eternidad.
Tenemos que aprender a tomarlos por breves que parezcan. Y seguir. Seguir.
Precisamente, Natalia es la liebre mecánica de una carrera de galgos.
Perturban sus movimientos cuando cuelga ropa en la soga.
Lo hace como si desnudara el aire.
Acaricia la intimidad de cada prenda.
Está otra vez lanzando su mirada morena y obsequiándome sus muslos “blanco de pavita”. Entonces una ola caliente de energía revuelve mis latidos. Sangre que fue pura sangre y brava antes de este tiempo y no quiere resignarse.
Aunque desvío la mirada. Entiendo las reglas del juego.
Hasta ese punto llega la función.
Fin.
Telón rápido.
Así es. Uno con los años va cargándose de deseos incompatibles.
¡Pero me hace tanto bien robarle un poquito de su candor!
* * * * *
Debo abandonar el patio.
Ya anochece. En este tubo abrieron la exclusa de la máquina de sombras.
Ahora Natalia es una luna en la terraza rodeada de banderas.
El aullido silencioso de la flor que atrae a las abejas.
Sonko me observa sin despegar la cabeza que acomodó entre sus patas. Hace un ademán, como si si se dispusiera a hablarme, pero vuelve a cerrar lo ojos exhalando un suspiro.
Mañana, antes de que Natalia se despierte, iré con Sonko por el tubo que conduce al mar.
Debe ser hermoso el amanecer.

*
Texto: REL
Copy right/ Todos los derechos reservados/ Editorial Cuadernos de Médano Grande
Ilustración: Pep Boatella (Barcelona)